Se conoce como el 'rostro del fumador'. La persona presenta una piel
rugosa y un tanto grisácea, su cara deja a la vista los relieves óseos
(especialmente de los pómulos), los labios y los ojos están rodeados de
arrugas finas, líneas profundas y superficiales en las mejillas y las
mandíbulas.
Según señalan los expertos, las arrugas de los fumadores son distintas, más estrechas, profundas y con contornos bien marcados.
Los efectos nocivos del tabaco no sólo afectan a la dermis. El cuero
cabelludo pierde luminosidad y se vuelve quebradizo, incrementa su
porosidad y adquiere un olor muy característico de los cigarrillos.
