Después de un duro
entrenamiento o un largo día, tu cerebro y cuerpo envían varios tipos de
pistas para hacerte saber que tiene hambre; quizá te sientas débil o tu
estómago pueda que se sienta vacío o gruña y se agite. Tener sed puede
brindar el mismo tipo de reacción. Esto es porque las señales del hambre
y de la sed son controladas en la misma parte de tu cerebro.
